viernes, 19 de septiembre de 2008

LA MUERTE NO EXISTE

" Experimenté que la muerte no existe."
Doña Margarita se crió con su bisabuela, que era curandera y
milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la
tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo
de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a
cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse
sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le
dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: "No joven,
que esto va a parar a la madre tierra". Rezuma sabiduría y poder, es
algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra
el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto,
son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y
cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se
agita.

Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco
(México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos
nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el
amor sin apego. Nuestro origen es la madre tierra y el padre sol. He
venido a la Feria de la Tierra para recordarles lo que hay dentro de
cada uno

-¿Dónde vamos tras esta vida?

-¡Huy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. Las muerte
simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.

-¿Cómo que si quieres...?

-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella
hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera,
mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.

-Ya se la ve a usted sabia, abuela.

-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí
para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los
cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La
cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y
nos pusimos a charlar.

-¿Con quién?

-Con el fuego. "Yo estoy en ti", me dijo. "Ya lo sé", respondí.
"Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te
llevas el cuerpo?", dijo. "¿Cómo lo hago?", pregunté.

-Interesante conversación.

-"Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me
dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras
de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%,
que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%,
¿qué te cuesta cargar con eso?".

-¿Y para qué quieres el cuerpo?

-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres
apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi
marido y de mi hija.

-Hola.

-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con
más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día.
"Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan". Llegó el día y se
lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: "Ahora me voy
a descansar". Se tumbó en la cama y murió.

Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis
tías...

-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?

-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la
montaña: "Al anochecer vengan a por mi cuerpo". Se le oyó cantar
todo el día y cuando fueron a buscarle la tierra estaba llena de
pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo
que hizo mi papá?

-¿Qué hizo?

-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los
lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse.
La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me
está diciendo: "Habla de mí", así que le voy a hablar de ella.

-Su hija, ¿también decidió morir?

-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir
sin sentido.

-¿Qué merece la pena?

-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en
el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí
no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la
tierra es nuestra madre y el sol nuestro padre. Hasta hace bien poquito
los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra.
"¿Cómo voy a ser propietario de la madre tierra?", decían.

-Aquí la tierra se explota, no se venera.

-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y
somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre
tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de
educadora.

-¿Cuál es la misión de la mujer?

-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de
comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro
cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la
manera de que sea dulce y nos llene de senti-do. La vida llega a
través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda?
Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante
la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero
decirle algo a todo el mundo...

-Que pueden usar el poder del gran espíritu en el momento que
quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen
realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y
funciona.

-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.

-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber
qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes,
y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han
enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos
y entre nosotros.

-Mientras no te empaches de ti mismo.

-Debemos sutilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las
capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y
comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir
todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.

-¿Desde cuándo lo sabe?

-Momentos antes de morir mi hija me dijo: "Mamá, carga tu sagrada
pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No
temas, yo te acompañaré". Yo vi con mucho asombro como ella se
incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El
horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por
eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?

-Sí.

-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento:

"Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos
abiertos". Creo que ese tiempo ha llegado.


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